Las niñas están listas para soñar ser todo lo que pueden ser. ¿Sueñan los niños con otro horizonte de posibilidad?
Marie Curie. Alexia Putellas, Vero Boquete, Jenni Hermoso. Sara García. Las niñas, por fin, piensan que ser científicas, futbolistas o astronautas también es una posibilidad para ellas.
Esto es, en parte, gracias a algunas de las maravillosas mujeres en el campo de la investigación que he conocido en los últimos años y que se dejan la piel por despertar vocaciones STEM en las niñas que serán las expertas de mañana. Es una labor maravillosa que trabaja un punto importantísimo en la construcción del autoconcepto de esas niñas: que pueden llegar donde se lo propongan.1 Es maravilloso comprobar los resultados de este trabajo: al conocer la posibilidad de manera cercana y comprobar que son mujeres de carne y hueso –no superheroínas inalcanzables–, se abre un horizonte de posibilidad donde antes no había nada.
Esta labor es especialmente importante en colegios públicos de zonas obreras: lo sé porque yo vengo de ahí y nunca abrieron ese horizonte de posibilidad. No digo que yo hubiera acabado siendo científica, pero tampoco es algo que me planteara que estuviera a mi alcance. Me habría encantado saber que era algo factible antes de descartarlo: la universidad era para mí una manera más elaborada y «elevada» de acceder a un oficio (periodista, fisioterapeuta, informática, maestra; en ese orden de preferencia), más que un lugar donde yo tuviera permiso para generar conocimiento. Ojo: esto era una trampa de clase, no de género.
Las mujeres se lo están currando para abrir a las niñas (y a los niños) a otras posibilidades vitales relacionadas con puestos que tradicionalmente han ocupado los hombres. El resultado de este trabajo se refleja estupendamente en las preferencias de los niños y las niñas en profesiones futuribles: entre las obvias relacionadas con los referentes famosos (futbolista, youtuber, cantante) se cuelan los frutos (ingenierías, arquitectura, astronauta). También se refleja en los datos de matriculación en las universidades: las mujeres que se matriculan en carreras STEM han pasado del 13% al 17% en menos de cinco años. Queda por hacer, pero está claro que el camino emprendido es el adecuado.
Dónde están los hombres
Creo que estamos en un punto –en España– en el que, en general, a las mujeres nos ha quedado claro que nadie debería decirnos qué podemos y qué no podemos hacer. Así que ahí estamos, a por todas, con nuestras dificultades, nuestros cabreos con los señoros…; esas cosas de llevar las gafas violetas siempre puestas.
El mundo ya no es de los hombres y nosotras nos lo ponemos por montera y tiramos adelante, mientras la mochila del mundo de las mujeres sigue cargando en los mismos hombros. Así que ahora tenemos más peso: la montera y la mochila; quién nos mandaría. Esto se traduce en insatisfacciones que son gasolina para movimientos reaccionarios –como el movimiento tradwife–, mientras seguimos señalando a las mujeres por no escoger carreras científicas, en lugar de mirar al otro lado.
Al lado de los hombres, claro, me estoy refiriendo. Porque sí, hacen falta mujeres que sueñen con carreras STEM, pero también hacen falta hombres que sueñen con carreras de cuidados, que entiendan que ese es un horizonte de posibilidad y, sobre todo, que es un horizonte de posibilidad sexy.
Me encantaría ver iniciativas en todos los colegios que expliquen a los niños y las niñas las profesiones dedicadas a los cuidados: que prestigien la geratría, que tantísima falta nos va a hacer en los próximos años; que ennoblezcan la limpieza, que es son la base sobre la que se sustenta la salubridad de las ciudades y la higiene de oficinas, hospitales, escuelas…; que honren el cuidado y el apoyo al desarrollo de los niños; que dignifiquen la labor de los cuidados a los enfermos.
Me gustaría que fueran hombres –geriatras, enfermeros, terapeutas ocupacionales, pedagogos, limpiadores– los que dieran esas charlas, abriendo el horizonte de posibilidad a miles de niños (masculino no inclusivo) que, mañana, sepan que las vocaciones relacionadas con los cuidados valen la pena y que ellos tienen mucho que aportar en estas profesiones.
Prestigiar estas profesiones para desprecarizarlas, también. Porque las profesiones feminizadas siempre están infrapagadas, porque los cuidados gratis han sido la piedra angular sobre el que se construyeron las carreras de muchísimos hombres: eso tiene que acabar. Los cuidados, sin duda, son importantes; también pueden ser sexys y estar bien pagados. Ya es hora de que ellos también sueñen todo lo que pueden ser.
- Entendido como que el género no debe ser un factor limitante para dedicarse a lo que quieran dedicarse. Ya conocemos el resto de trampas de este sistema supuestamente meritocrático. ↩︎
